Tres razones por las que no puede comprarse un cambio de cultura educativa

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La mayor parte de los proyectos de adopción de tecnología educativa que nos llegan provienen de los líderes de una organización. Ellos nos llaman (gracias por confiar en nosotros) y nos dicen: “Tenemos un problema y queremos cambiar nuestra cultura educativa.” Casi siempre nos cuentan los nuevos nuevos procesos o los proyectos que quieren implementar. Luego empiezan a hablar en general, diciendo cosas como: “La organización tiene que entrar en siglo XXI, la nueva cultura de innovación es beneficiosa para los alumnos, la organización debe ser dinámica, creativa, innovadora etc.” Como si ellos no formasen parte de esa organización. Esto supone esperar que mágicamente las personas adopten la nueva cultura o peor, que cambien los demás. A continuación te doy tres razones por las que no puedes comparar el cambio sin más.



Yo no puedo cambiar por ti 

En este punto es donde los líderes voltean hacia el consultor y dicen “Dinos qué hacer” que normalmente quiere decir “saca la varita mágica y haz que cambien”. La respuesta es siempre es la misma: Puedo ayudarte a que encuentres estrategias para hacerlo tú porque yo no puedo cambiar por ti, la nueva cultura la tienen que adoptar todas las personas de la organización empezando por ti. Sin un liderazgo dispuesto a cambiar, lo más probable es que nunca se implante una nueva cultura y esto también va para los agentes de cambio.




No voy a quedarme eternamente

Los primeros pasos para implementar una cultura requieren de mucha ayuda externa, entrevistas, sesiones de sensibilización, capacitaciones etc. Mucha gente se siente escuchada por primera vez y los equipos líderes (patrocinadores, líderes, agentes etc.) están felices de que, por una ocasión, sean otros los que dicen y escuchan las cosas. Sin embargo, muy pronto se decepcionan cuando las capacitaciones se acaban y se les empieza a pedir que sean ellos quienes comiencen a decir y hacer las cosas, es más se les pide que vuelvan a ser los protagonistas. Siempre les digo lo mismo: no voy a estar aquí para siempre. La cultura debe quedarse en la organización, es más, deberían ser capaces de hacer ajustes y otros cambios a la cultura, ya saben cómo. Así, los equipos, no solo deben involucrarse, deben tomar las riendas para que, una vez yo me vaya, ellos deben seguir trabajando en su cultura.



Trabaja con las personas, no hay nadie más para realizar los procesos

Cuando una organización está implementando una nueva cultura, son las personas que la integran las que lo sufren el cambio y es a través de ellas que la empresa adopta la cultura. Esto parece obvio, sin embargo la mayoría de las organizaciones lo olvidan con frecuencia y tratan de implementar los cambios sin un plan para trabajar con las personas. Siempre les doy una mala noticia: las personas no abrazaran una nueva cultura porque se lo digas tú y mucho menos porque se lo diga yo.

Para que las personas adopten una nueva cultura, tienen que entenderla, tiene que ver el valor de dejar de hacer lo que hacen ahora y deben sentirse entendidas dentro de la organización, después de todo, cambiar no es fácil. Da la vuelta a tu enfoque y comienza preguntarte ¿qué beneficios tiene para mis profesores? ¿y para mis líderes? ¿cómo lo voy a contar? ¿qué incertidumbres voy a generar? ¿cómo voy a escucharlos? ¿Cómo  los voy a capacitar? etc. y comienza a trabajar con las personas, son las únicas que pueden llevar a cabo tus proyectos. Por cierto, tienes que hacerlo tú, no hay nadie que pueda hacerlo por ti.

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